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22.8.09

Madre, yo???

Todo empezó porque hace un par de semanas me vi la pela "Juno, correr, crecer y tropezar", y eso bastó para que uno de mis más grandes miedos vuelva a aparecer en escena: el embarazo.

Esa misma noche soñé que estaba embarazada, que tenía 6 meses de gestación y que me subía a los micros y le sacaba provecho a los asientos reservados, jajaja, sí, yo en mi sueño diciendo "ayy que cansada, joven párese por favor que me quiero sentar" (mientras acariciaba mi vientre para reforzar mi mensaje), y la gente mirándome y yo preocupadísima por no hacer ningún movimiento brusco para que mi bebe no se lastime, y cosas así. Por supuesto que cuando desperté lo primero que hice fue ir al baño a lavarme los dientes mientras contaba mi sueño al caño para que no se cumpla (según recomendaciones de varias amigas), porque ni loca tener un hijo ahorita. No way.

El miércoles pasó lo mismo. Soñé que estaba con mi tremenda barriga de 9 meses a punto de dar a luz. Me soñé en un hospital pujando y los dolores insufribles, mientras que por dentro pensaba cómo iba a hacer para trabajar con un hijo, quién se quedaría con él, cómo iba a hacer con el dinero puesto que de hecho no me iba a alcanzar (entre pagar el depa y los servicios, con qué le daría de comer a mi hijo?), todo un drama en pleno parto. Cuando desperté asustada eran las 7.30am, y el dolor de vientre que tenía era tan fuerte que me impedía moverme. La causa: unas profundas ganas de orinar, jajajaja.

No voy a negar que la naturaleza llama. Que mi instinto maternal a veces aflora. Que quisiera sentir cómo es llevar un hijo dentro y sentirlo cuando da pataditas. Esa experiencia debe ser alucinante, pero la verdad es que ser madre no está en mis planes por ahora, y al parecer por bastante tiempo más... Y es que la verdad, no me veo teniendo un hijo, no me veo, trato de mentalizarme, enfocarme, alucinarme de madre, Y NO ME VEO!!!

Pero las cosas claras pues, este miedo tiene razones justificadas, definitivamente. Y estas son (sin orden de trauma, total el orden de los factores no altera del producto):

1. El embarazo en sí. Este proceso abarca muchas cosas, desde cambios humor (como si estuvieras con la regla siempre), deseos antojosos, dolores (pezones sensibles, dolor de espalda, dolor de piernas, etc.). Sin contar que mes a mes vas subiendo de peso, y si eres de las mujeres achacosas como yo, fácil se te hinchan las piernas horrores, que hasta las sandalias no te entran en el pie y las várices que se acentúan más obviamente por el peso que tus pobres piernas cargan, por mencionar solo algunas perlas... O peor aún, el temor que algo no esté bien y de pronto pierdas al bebe. Eso debe ser terrible.

2. El parto. Osea, te imaginas estar en una camilla (si las contracciones te vinieron espaciadas y tuviste tiempo de ir al hospital, claro está) con las piernas abiertas? Y todo el mundo mirándote la cuestión, y el doctor que te mete los dedos ahí mismito para saber qué tan dilatada estás, te lo imaginas??? Dicen que esos dolores son como si te partieras en dos. Si yo con la regla sufro horrores y tengo que estar con mi blíster de ponstanRD en la bolsa - porque a mí la ruler me tumba feo - no creo que soportaría semejante tortura. Varias amigas que ya tuvieron su bebe me cuentan que en el preciso momento en que sale de tu cuerpo, sientes que se te abren los huesos de la cadera. Nooooooo!!!

Osea, me imagino todo el dolor que he sufrido en mi vida y lo elevo a la potencia n, y quedo chiquita, fácil... Y hay que recordar que no solo es el parto del bebe, en algunos casos hay que pujar nuevamente (con lo poco de fuerzas que te deben quedar) para que la placenta termine de salir de tus entrañas. Sí, conozco unas cuantas amigas que tuvieron que pujar para que caiga la cosa esa, y una de ellas por más de una hora todavía. Ah! me olvidaba de un detalle. Si con suerte tienes parto normal, lo único que los doctores harán con tu vagina será hacerle un corte (o tajo) en la contracción más fuerte, para que pueda salir la cabeza del bebe (estoy a punto de desmayarme del puro dolor!). Y si eres piña o muy estrecha, o el bebe tiene algún problema con el cordón umbilical estás conminada a la cesárea y ahí sí, agárrate catalina con el postparto!!!

3. El retraso u olvido definitivo de planes personales. El tener un hijo implica muchas cosas. Sacrificios, amanecidas cambiando pañales, recurseos por aquí y por allá porque el dinero nunca alcanza. Un stress constante. Creo que yo aún tengo pendientes por resolver, cosas que quiero hacer, disfrutar y vivir, y con un hijo no podría. Si quisiera continuar con la carrera universitaria por ejemplo, tener un hijo me asegura, por lo menos, 3 ó 4 años de retraso en ese plan. Si quisiera viajar por el mundo tampoco podría, no es la voz ir por ahí con un bebe en brazos en circunstancias poco cómodas. Y si me vuelvo una madre chocha, súper protectora sé que nica dejaría de pasar mi tiempo con mi hijo.

Aquí hay una cosa curiosa. Cuando me pongo a pensar en qué sería tener un hijo, nunca visualizo criarlo con el padre al costado. A lo mejor madre soltera, como mi madre o como mi madrina. La verdad es que un hombre puede ser tu mejor aliado en muchas cosas, pero en cuestiones de maternidad puede volverse o un experto o un cero a la izquierda. Mi padrino me dice que no tenga hijos, que viva lo que tenga que vivir pero que no me amarre a ningún hombre por un hijo. Mi madrina me dice lo mismo, que no me amarre a nadie y si la naturaleza insiste en hacerme madre, pues que busque un espécimen que reúna las condiciones necesarias, lo utilice para fertilizarme y me deshaga de él en el preciso momento de confirmar mi gestación. Ella hizo eso, y luego de 19 años sigue criando sola a su hijo sin la necesidad de tener la figura del padre al costado. Tengo mis observaciones respecto a eso porque creo que la figura del padre es importante. Lo digo no por ciencia sino por experiencia.

4. El cambio en mi vida social. De ir a tonos de amanecida y chupar a morir, iría a cumples de añito, bautizos, reuniones del nido y esas cosas. Mi nuevo círculo social serían otras madres que están en las mismas que yo, y las conversas ya no serían tan amenas como ahora, sino más bien del tipo "he encontrado una tienda donde los pañales te salen baratísimos..." o también "estoy averiguando dónde meter a mijito a talleres de estimulación temprana..."; tampoco estoy preparada para cambiar mis parámetros de shopping: si voy a comprar es para mí, y para nadie más (salvo un regalito que quiera hacer por ahí). Egoísta como yo sola.

Además algo es cierto. Cuando una mujer se convierte en madre, muere antes para nacer de nuevo con su hijo, todo es por él y para él y solo vive en función a él. Y este es un lazo que ya no se rompe nunca más. No hay forma de renunciar a tu hijo. Muy a pesar de existir mujeres líderes, que están en todas, que sus horarios los estiran como si fuera plastilina para darse tiempo con el crío, siempre tomarán sus decisiones en función a la prole. Pero nadie puede negar que ser madre es la bendición más grande que una mujer puede recibir. Un milagro de vida. Esta canción da fe de esto:



En conclusión, y a pesar que mi madre ha sacrificado sus años por mí, no creo poder hacer el mismo sacrificio. No ahora. No todavía. No sé si a futuro. Aún me siento muy hija como para volverme madre. Si como hija pataleo, como madre qué será?

Por lo pronto, los condones son mi mejor aliado, y si no hay uno a la mano en momentos de apremio, caballero nomás a aplicar otras técnicas o aguantarse las ganas. Pobrecito de él, no?

Ni modo.

7.8.09

El padrino...

El lunes cumplió 77 años. Él, mi padrino, me crió desde que yo tenía un añito de vida. Siendo sinceros, protagonizó y protagoniza el rol del padre que no tuve (pues el mío no tuvo los huevos para asumir su responsabilidad conmigo). Es un tema que duele, definitivamente.

Él me enseñó a vivir, a valorar lo que tenemos o lo que hacemos, y a esforzarme por aquello que me motiva. El amor que le tengo es infinito a pesar de todas su manías y sus defectos (que son un montón), pues para mí sus virtudes pesan más que todo eso. La desesperación que siento al no tener noticias suyas es realmente angustiante.

Por él me inicié en el mundo de la música, desde chiquitita con la flauta dulce, y luego con el piano. Tiempos aquellos. Recuerdo cuando llevaba clases de piano con la profesora Rosa Elvira Carreño, gran maestra y una pianista ejemplar. Él gustaba de verme tocar y prestaba atención hasta a los ejercicios de solfeo que yo -aburrida- practicaba.

Por él continué con mis estudios después de acabar la secundaria. Y luego de un tiempo fue lindo decirle "Padrino, alégrate porque soy cachimba, ingresé a la universidad!!!". Pero claro, luego me las tuve que ingeniar para decirle que no ingresé a Derecho (que era lo que él quería) sino a otra carrera que ahora me da para vivir. Pero la alegría es lo que vale. El hecho de saber que esa personita por la que él apostó le estaba dando la satisfacción de su vida fue la mejor prueba de que no se equivocó en esa apuesta.

Lastimosamente la vida tiene subidas y bajadas, y por esas cosas del destino nos tuvimos que separar. Dejé el hogar que por 12 años me acogió, y en esa casa se quedaron mi padrino, el piano, los recuerdos y su nueva familia. Recuerdo que en ese entonces no tenía idea del trauma que iba a significar mudarme lejos de él. Y lloré, grité y renegué de todo y de todos, porque no entendía por qué teníamos que separarnos, pero la maldad existe pues, y encima es gratuita. Pero a pesar de todo el tiempo que ha pasado y de todo lo que él vivió y sufrió, seguimos juntos. De alguna u otra forma. Siempre me doy un tiempo para visitarlo, y cuando él se acuerda me llama al celular. A veces viene a mi casa a almorzar (antes lo hacía más seguido pero ahora anda celoso de mi enamorado).

Hace poco fui a visitarlo con mi título de licenciada recién entregado en las manos, listo para mostrárselo, y se emocionó al borde de las lágrimas. Ver eso en él, un hombre mayor y con tantos golpes en la vida que le enseñaron a no expresar sus sentimientos, era una muestra clara de que estaba conmovido. Y creo que no es para menos, teniendo en cuenta que de sus 5 hijos mayores, ninguno se acuerda de él, ni en su cumpleaños, ni en el día del padre... Nunca aprovecharon el esfuerzo que él hacía por ellos, y se escapaban a media noche de la casa o del Leoncio Prado con rumbo desconocido...

Y ahí estabamos los dos almorzando un día después de su cumpleaños porque el lunes no pude ir. Estábamos solos pues sus hijas menores que vinieron del extranjero para estar con él en su día no regresaron a tiempo del viaje que hicieron al interior del país, y esto de hecho entristeció a mi padrino. Y me preguntaba por mi trabajo, por mi mamá, por mi enamorado y entre un salpicón de pollo y un pollito al horno, conversábamos de todo un poco y me decía que no podía creer que haya cumplido 77 años. Que le daba pánico leer en los periódicos cómo uno a uno se iban muriendo los artístas que en su época hicieron historia. Que le daba pena asistir a los velorios y entierros de sus mejores amigos. Que sentía que se estaba haciendo muy viejo realmente.

Al notar un tono triste en sus palabras, le recordé todo lo bueno que ha vivido, todas las personas que ha conocido, todos los lugares en los que ha estado y todo lo que me había enseñado (y se me vino a la memoria un domingo por la noche - tendría yo unos 4 años - yendo a comprar pan en el dodge blanco que él tenía, y en el camino me iba enseñando "teeengo una vaaacaa lecheeeraaa, no es una vacaa cualquieeeera, me da leche condensada, hay que vaca tan salada tolón tolón... tolón tolón...", pero no tuve el valor para hacerle recordar ese momento). Así que le comenté de la propaganda que CocaCola sacó hace poco, donde decían que la vida es muy corta y que estamos aquí para ser felices.



Y se quedó pensando, y al rato me dijo que tenía razón y a lo mejor se daba ese viajecito a Río que tanto había postergado. Le cambió el semblante, se alegró mientras el sol de invierno aparecía a medio día, y me dijo que por la noche se iría al casino (al que tantas veces dijo ¡No vuelvo más!) jaja, no puede con su genio, pero no importa, así lo quiero, así lo amo y así lo respeto. Un salud a tu nombre Padrino, feliz cumpleaños.